
RUEDA DE PRENSA EN LA FERIA DEL LIBRO DE FRANKFURT.
13-0CTUBRE DE 2007. ANTONIO ROBLES, DIPUTADOS DE CIUDADANOS EN EL PARLAMENTO DE CATALUÑA.
Buenos días, enhorabuena a los organizadores de esta maravillosa Feria del Libro de Frankfurt. Vengo de una comunidad autónoma de España, llamada Cataluña.
Me llamo Antonio Robles y soy Diputado del Parlamento de Cataluña por "Ciudadanos", un partido con sólo un año de existencia que nació para representar a millones de personas en Cataluña excluidas por el nacionalismo catalanista.
Con nuestra presencia en la Feria del libro de Frankfurt queremos simbolizar la ausencia de la cultura catalana expresada en lengua española que fue excluida por el Gobierno nacional-catalanista de Cataluña. Estamos orgullosos de los escritores catalanes en lengua catalana elegidos para representar a la cultura catalana; pero lo estaríamos doblemente, si junto a ellos estuvieran todos los escritores catalanes en lengua castellana que deliberadamente han sido excluidos por el nacionalismo en su afán por instrumentalizar la cultura y vender al mundo una imagen de Cataluña como si fuera una nación independiente.
Señores, si hoy no están aquí buena parte de los más conocidos escritores catalanes es porque los responsables del Institut Ramon Llull y los responsables de cultura del Gobierno de la Generaladidad de Cataluña así lo han querido, no porque ellos lo hayan elegido. La intención desde el principio fue no invitar a ningún autor cuya lengua creativa fuera la castellana. Más tarde, las presiones alemanas y las críticas en Cataluña, obligaron al Instituto Ramón Llull y a su director Sr. Bargalló a incluir autores catalanes en castellano pero cuya función no sería representar a la cultura catalana, sino, darle soporte. De lo que se trataba era de ocultar al mundo la pluralidad lingüística de Cataluña y venderle la Cataluña monolingüe virtual y excluyente sólo en catalán que el nacionalismo nos está imponiendo dentro.
Así pretendían engañarnos y taparnos la boca a nosotros y a las autoridades culturales alemanas de la Feria de Frankfurt. Por una parte nadie podría decir que habían sido prohibidos los autores en castellano y por otra, les aprovechaban de teloneros para apoyar a los grandes autores en lengua catalana.
Por estas razones y otras humillaciones, esos ocho autores de última hora, declinaron ser utilizados políticamente. Por tanto, el ex-presidente de la Generalidad, Sr. Maragall miente cuando dice que no han querido venir. Quedó patente esa voluntad de exclusión hace unos días cuando el vicepresidente del gobierno catalán y responsable de la representación de Cataluña en la Feria de Frankfurt, el nacionalista e independentista Carod Rovira, cuando declaró en la cadena alemana ZDF: "Si la cultura alemana fuera invitada a una feria del libro tampoco permitiría que fueran autores alemanes que escriben en turco". Sus propias declaraciones son un reconocimiento explícito de la voluntad de su gobierno por excluir a los autores catalanes en castellano. Les oculta el vicepresidente separatista dos cuestiones básicas: Una, que el español es el idioma oficial y común de todos los españoles y por tanto, también de los catalanes, mientras que el turco no es oficial en Alemania; y dos, Cataluña forma parte de España mientras que Turquía no forma parte de Alemania. En realidad, el ejemplo que debería haber puesto para acercarles a la dimensión real del problema es el siguiente: Imagínense que el dialecto Bávaro que se habla en el Estado Libre de Baviera, fuera un idioma oficial junto al Alemán como lo es el calatán junto al castellano en Cataluña. Pues bien, si las autoridades bávaras hubieran hecho como las catalanas, hubieran traído a Frankfurt únicamente autores en lengua Bávara, y hubieran excluido a todos los escritores bávaros en
lengua alemana; de la misma manera, si hubiera sido invitada la cultura checa, autores como Rainer Maria Rilke o Franz Kafka nunca podrían haber sido invitados a la Feria del Libro de Frankfurt porque escribían en alemán a pesar de ser checos, nacidos en Praga.
En realidad, el último año, hemos asistido a muchos trucos retóricos para excluir a los escritores catalanes en lengua española. El principal es que Frankfurt había invitado a la literatura catalana, cuando en realidad, a quien se está invitando es a la cultural catalana. No es a la lengua catalana a quien se está invitando en exclusividad, sino a la cultura catalana. Y si es a la cultura, Cataluña no se resume a la lengua catalana –tanto constitucionalmente como sociologicamente - sino a dos más, a la lengua castellana y a la lengua aranesa.
El nacionalismo catalán siempre está exigiendo el pluralismo a España, pero cuando se trata de respetar ese mismo pluralismo en Cataluña, son ellos mismos los únicos que no lo respetan.
Y es que cuando el nacionalismo se convierte en un dogma, la razón lleva a estas aberraciones. "De cultura catalana només n’hi ha una", "i… la llengua de la cultura catalana escrita és el català". Son palabras de la diputada nacionalista, Sra. Vidal i Huguet en el Parlamento de Cataluña el pasado 30 de mayo del 2007. Es decir, niega que sea cultura catalana lo que han escrito y escriben generaciones enteras de grandísimos escritores catalanes en castellano como: Francesc Vicent García, Joseph Plà, Eugeni D’Ors, Angel, Guimerà, Carles Aribau etc.
Si "de cultura catalana nada más hay una" como dice el nacionalismo, ¿qué son los ciudadanos catalanes que escriben en castellano, a pesar de nacer, vivir, trabajar y pagar sus impuestos en Cataluña? ¿Qué son? ¿Apátridas?
La dictadura nacionalista de Franco pensaba lo mismo: Sólo era cultura española la expresada en castellano, y éste era el único idioma oficial. Durante cuarenta años, el catalán, el euskera y el gallego no fueron idiomas españoles, no se enseñaron en nuestros colegios y sus obras se conocieron a través de sus traducciones al castellano. El nacionalismo catalán ahora, está cayendo en el mismo error conceptual. Nosotros hemos venido aquí para denunciarlo.
Esos comportamientos tienen larga tradición en la historia. En el Siglo XVI se quemaban libros; la Iglesia tenía su "Índice de libros prohibidos"; nazis y comunistas, llegaron a la eliminación física; ha habido muchas formas de exclusión; todas, intolerables y en muchos casos violentas; ahora también hay exclusión e intolerancia, más dulce, amparadas en mayorías políticas, pero igualmente intolerable. En Cataluña, en nombre de la "lengua propia" que hace impropia a la del resto de catalanes, o del victimismo ecológico de las lenguas minoritarias, excluyen los derechos lingüísticos y laborales de millones de ciudadanos catalanes. Se da la paradoja, que cientos de miles de ciudadanos catalanes que llevan hablando varias generaciones en castellano, ahora resulta que carecen de lengua propia.
El rancio racismo biológico como forma de exclusión, ahora se ha civilizado y enmascarado en sutiles formas de racismo cultural; menos brutales, pero no menos eficaces. Díganlo como quieran, pero el excluir a los autores en castellano de esta Feria del Libro de Frankfurt, es exclusión cultural, una de las múltiples formas suavizadas de racismo cultural; eso sí, enmascarado y justificado en elevados valores morales de la defensa ecológica de una lengua. Un mecanismo de defensa para poder seguir mirándose al espejo con la conciencia tranquila.
He comprobado en los tres días que llevo en Frankfurt como miembro de la comisión de cultura de diputados del Parlamento de Cataluña, que la oportunidad histórica de difundir la cultura catalana al mundo entero ha desbordado la alegría de todos los que de una u otra manera participamos de este Feria del Libro; es como una gran fiesta, todos estamos contagiados; pero esa alegría no será total ni generalizada porque más de media Cataluña ha quedado excluida de su propia cultura en nombre del nacionalismo. No obstante, he de felicitar la inteligencia y la eficacia puesta por el director del Instituto, Ramon Llull, Joseph Bargalló y el Conseller de Cultura y Comunicación, Joan Manuel Treserras, porque la puesta en escena está muy conseguida. Si esa inteligencia se hubiera dedicado a incluir en vez de excluir, la satisfacción sería completa.
Miren, la exclusión que ha quedado al descubierto en esta Feria del libro de Frankfurt, no es exclusiva de la literatura, se está imponiendo en todas las instituciones catalanes, en los medios de comunicación públicos (Hace unos días se expulsó a la escritora Cristina Peris como colaboradora de un programa de Cataluña Radio por hablar en castellano); en las escuelas no es posible elegir estudiar en castellano a pesar de que es inconstitucional (Más de 14.000 maestros se han visto forzados a irse de Cataluña) y en calles, señalizaciones, museos, rótulos comerciales etc. se ha consumado una limpieza lingüística sin precedentes en una democracia. Y todo eso, a pesar de que es el Castellano el idioma mayoritariamente hablado en Cataluña, el que más prensa escrita privada tiene y consume, siendo además Barcelona, la segunda ciudad del mundo que más libros en lengua castellano edita.
¡Ciudadanos amantes de las letras y los libros!, hoy no estarán aquí presentes autores como Javier Cercas, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Carlos Ruiz Zafón, Enrique Vila-Matas, Félix de Azúa, Núria Amat, Esther Tusquets, Iván Tubau, Enrique de Hériz, Ana María Moix etc. Su pecado es ser catalanes que escriben mayoritariamente en castellano, como hablan y escriben el 53 % de la población total de Cataluña, frente al 47 % que lo hacen en catalán.
Lástima, estoy seguro, que muchos autores en lengua catalana presentes en esta feria hubieran preferido que no se hubiera excluido a sus compañeros escritores en lengua castellana. Aunque, todo hay que decirlo, a pesar de ser una profesión dada a la denuncia de la injusticia, nadie ha levantado la voz para denunciarlo. Esta misma semana, Félix de Azúa, ha denunciado "el servilismo de todos los escritores invitados" por prestarse a participar en "un circo patriótico". Viene a recordar lo obvio: Con la disculpa de la difusión literaria, se viene a vender al mundo la política nacionalista de Cataluña.
A propósito de ese silencio de los escritores invitados ante este abuso, quiero recordarles el pensamiento afilado del expresidente alemán Richard Von Weizsäcker: "Hitler no llegó al poder porque de pronto hubiera demasiados nazis, sino porque había insuficiente número de demócratas".

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